domingo, 29 de abril de 2012

Ubicación de la luna en El Cairo

Pocas experiencias me resultaron tan gratas como cuando me di de lleno con Oriente en El Cairo... y fue la noche de llegada, con una gema oriental como no hay otra: la luna.

Estaba ya en el taxi, intentando entender algo de la confusión que venía de afuera,... era casi la medianoche y yo embargado por el temor de lo profundamente desconocido de esa ciudad que no conocía más que por un tour breve, hacía tres años, cuando de repente, en el puente bajo el cual reptaba lentamente el Nilo, levanté la vista, y me topé con ella.

Era más oriental que en mis sueños. Una luna creciente y luminosa como un diamante, como la cóncava celosía de una ventana que se me ofrecía, prometiéndome más secretos para darme, en lo sucesivo.

Una barca delicada sobre el Nilo...

Me pareció que se entreabría el ojo de la noche, y ese semicírculo sonriente tendió, en mi fantasía, a comportarse como una pestaña mágica, la pestaña de una hurí del paraíso... que me guiñaba la promesa de una entrega total, de una satisfacción plena de placer, a mi sed del Oriente.

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